lunes, 14 de diciembre de 2009

Amarga píldora en empalagoso manjar


Vi esta película hace ya bastante tiempo aquí en Montreal cuando Ex-Centris todavía programaba cine. Como indico en el texto nunca halló distribución comercial en México. Según yo, en ninguna sala del país fue estrenada. El verano pasado, sin embargo, me di cuenta de que ya se podía ver por cable o por televisión satelital. Así que tal vez se pueda conseguir en DVD. En región 1, por lo menos, sí está. Eso lo sé porque la tengo. Por lo pronto, Ozon ya sacó otra cinta -esta vez en su lengua materna- que se llama Ricky y que cuenta, entre otras actuaciones, con la del español Sergi López. Va la reseña -publicada también en Espacio 4- no exenta de cierto tono quejumbroso:

El por qué una película se distribuye de forma simultánea en todo el orbe mientras otras permanecen, para algunos países y durante años, enlatadas en el limbo cinematográfico es en principio un misterio para mí. Pareciera que, en estos casos, poco importa la calidad ante el mercantilismo, poco importa que se trate de la obra de un director muy valioso desde el punto de visto artístico pero “difícil” de digerir, dirían los distribuidores, para la mayor parte del público; ése en el que ellos tanto piensan pero al cual en realidad subestiman con sus decisiones. Hace más de dos años, por ejemplo, una cinta cierra la Berlinale de 2007 y todavía es fecha que no se estrena en nuestro país. Del realizador francés acostumbrado a escandalizar a los más asustadizos, François Ozon nos otorga ahora un crédito que podría aparentar ser ñoño e incluso inofensivo. Si lo analizáramos más a fondo, veríamos que es todo lo contrario. Y, aparte, no deja de guardar lazos con este eterno debate de la recepción de una obra fílmica.
Angel (2007) es una película relacionada con el lado esteticista y artificial de Ozon, del que Ocho mujeres (2002) es un ejemplo patente. Lo es por constituirse en producto del amor al cine. Eso, después de otras cintas mucho más realistas como Tiempo de vivir (2005). Angel se compone así con la intención de rendir homenaje a los melodramas hollywoodenses de los años cuarenta y cincuenta, plenos de fastuosidad y cromatismo, grandilocuentes más que grandes filmes épicos y de época donde la proyección de escenarios exóticos era lugar común. Son los mismos que tenían como personajes centrales a mujeres en situaciones emocionalmente extremas. Lo que el viento se llevó es la máxima exponente del género y la que mayor trascendencia ha tenido en el público. Para Ozon, Angel Deverell (Romola Garai) es su Scarlett O’Hara. Ignorando este dato, entonces, se le puede malinterpretar porque la Scarlett O’Hara interpretada por Vivien Leigh era persistente, una niña-mujer que pensaba tener siempre la razón y estaba convencida de hacer lo mejor para sí y para sus seres queridos.
El nombre de la cinta (y el de la heroína) destellan con esplendor al comienzo mientras una adolescente escapa del camino de la escuela para recrear golosamente su sueño frente a la reja de una gran mansión llamada Paraíso. Una niña rubia se encuentra resguardada ahí. Angel no repara en ella. Sólo anhela ser la dueña de ese lugar. Tiene una forma para lograrlo: escribir como loca. A Angel, joven de inmensa imaginación pero de alcance intelectual cortísimo, le importa un comino lo que opinen los demás. Ella se sabe la mejor escritora del mundo. Por supuesto, no busca la aprobación de la crítica literaria. Todo lo hace para conseguir la fama y el dinero. Y con el dinero, la mansión Paraíso. Altiva y orgullosa, Angel presenta una seguridad con respecto a sus dones sólo reservada a los genios literarios. No lee ni investiga nada. Sólo se deja llevar por sus sentimientos. Todo sale de su cabeza, de su delirante y desbordada imaginación. No por nada el argumento de Angel surge de una novela publicada en 1957, autoría de la británica Elizabeth Taylor (una homónima de la famosa y ya decrépita actriz), basándose en la vida de Marie Corelli, en su momento la autora favorita de la reina Victoria de Inglaterra; escritora de grandes masas pero despreciada por los especialistas.
El cuento de hadas se vuelve realidad. A medias, claro. La fama y el dinero llegan. Sin embargo, ésta es la Cenicienta cuando lleva por dentro un monstruo carente de empatía. Deseando remodelar su vida cual si se tratara de una ficción, la persigue la vergüenza de que su madre haya tenido durante años una tienda de comestibles. Al presentársele de rodillas Nora (Lucy Russell), una de sus muchas admiradoras, la adopta como a su perrito faldero y al conocer esa misma noche al rebelde hermano pintor, Esmé (Michael Fassbender), no duda en conquistarlo y domarlo. La intensa personalidad de Angel traga y nulifica a todas las personas a su alrededor, desde su madre, pasando por su esposo y su cuñada hasta llegar a su editor Théo Gilbraith (Sam Neill). Sólo la esposa del editor, Hermione —encarnada por Charlotte Rampling, a estas alturas actriz fetiche de Ozon— la mira con frialdad y aunque en un principio se burla de su obra no puede dejar de sentir cierta admiración.
Un destello del alma de Angel se cuela a través del retrato pintado por Esmé, donde a la manera de Dorian Grey se puede apreciar toda la podredumbre oculta por un rostro bello. Su mal gusto la lleva a rodearse de lo más fastuoso. Sólo el retrato desentona en la mansión Paraíso. Cuando ya sólo sea una parodia de sí misma, volverá a enfrentarse con aquella niña rubia de la que envidiaba la vida y la mansión para llevarse una sorpresa. Entonces, como en una de sus novelas románticas, vendrá su fin. Con él, el olvido de todas aquellas personas que leyeron sus escritos como papel desechable. Al final, nadie —ni siquiera las personas que la amaron— podrá saber qué parte de su vida era realidad y qué parte ficción. Según Nora, Angel tuvo dos vidas: la que vivió y la que soñó. Ésta es la perversión de lo dulce.
Tomar en serio la técnica de Ozon, tan artificiosa y empalagosa como sería la obra de Angel, es no entender que ésta es una re-escritura paródica del melodrama hollywoodense de épocas pasadas. Destaca la ambivalencia ante la heroína tanto del director como de los espectadores. Como con Scarlett O’Hara, en momentos se le odia, en otros se le ama. A final de cuentas, hacer una cinta sobre una escritora de novelas románticas de principios del siglo XX pareciera totalmente anticuado pero es todo lo contrario: la definitiva reflexión de Ozon se enlaza con la efímera celebridad de algunas estrellas que hoy se llaman Britney, Paris o Lindsay.

Angel (2007). Dirigida por François Ozon. Producida por Olivier Delbosc y Marc Missonnier. Protagonizada por Romola Garai, Michael Fassbender, Sam Neill, Lucy Russell y Charlotte Rampling.

El avance: http://www.youtube.com/watch?v=ZLaQ4cOB6Fo