sábado, 20 de marzo de 2010

La Alicia de Burton


De los directores bien ubicados bajo el ala protectora de los grandes estudios hollywoodenses entre los pocos que me gustan está Tim Burton. Siempre que voy al cine a ver alguna de sus cintas quedo satisfecho. No entusiasmado ni con un cambio radical en mi forma de ver el cine. Sólo satisfecho. Tal vez porque sus temas, su estética y su humor me agradan. Puedo identificarme con ellos. Por eso, a pesar de la publicidad, de estar en esta ocasión bajo las órdenes de Disney y de los efectos especiales o la tercera dimensión; a pesar de todo eso, Alicia en el país de las maravillas (Alice in Wonderland, 2010) me gustó.
En esta reescritura -sino por completo de la obra de Lewis Carroll, aunque sí de las muchas otras versiones fílmicas basadas en sus libros- Alicia (Mia Wasikowska) es una joven a punto de comprometerse con quien todos a su alrededor quieren que se case. Ella sin embargo, con toda su rareza a cuestas, escapa de la sorpresiva fiesta de compromiso para perseguir a la liebre y, como ya sabemos, caer por la madriguera hacia el reino que ahora ha olvidado, que no permanece en su memoria más que como la lejana reminiscencia de un sueño infantil. Ahí, en el reino que alguna vez visitó siendo niña, necesitarán de su ayuda para liberarse de la cruel Reina de Corazones (deliciosa interpretación de Helena Bonham Carter, actual esposa de Burton). Eso, por supuesto, con la ayuda de sus amigos de antes. Entre ellos, el Sombrerero Loco (Johnny Depp en tenebrosa combinación entre Madonna y Carrot Top). A lo largo de la historia, Alicia se verá obligada a cuestionar su aparente poca valía y crecer tomando el puesto de heroína para degollar al monstruo que acecha el reino y que según una profecía sólo Alicia -aquélla que siendo niña los visitó- podrá matar.
Con una historia de cierta sustancia y sin que los efectos especiales pasen al primer plano, la Alicia de Burton logra su cometido: entretener y -¿por qué no?- aleccionar. En especial a las niñas que vayan a verla a no aceptar los designios de una sociedad encorsetada, a ser tan raras como les plazca y a degollar monstruos pensando en cosas imposibles. En este caso, a diferencia de Avatar, sí están justificadas las ya tres semanas de líder entre las taquilleras. Tim Burton volvió a atinarle a la fórmula del éxito y sin traicionarse.

El innecesario -por estar en todas partes- avance: http://www.youtube.com/watch?v=LjMkNrX60mA

jueves, 18 de marzo de 2010

Ventana abierta


Hoy, mientras reviso no sé cuántos exámenes de la universidad, mi ventana ha permanecido abierta la mayor parte del día. En cualquier otro lugar del mundo esto sería algo común. No en Canadá. Ni siquiera a tres días de que termine oficialmente el invierno. Porque acá el invierno no termina con la llegada del 21 de marzo sino que por lo regular continúa dos o hasta tres semanas más. Pero también ya de manera oficial este invierno ha sido declarado como el más cálido y el más seco en 63 años. Pareciera que la primavera llegó aquí, a Montreal, hace dos o hasta tres semanas. Nada ha florecido aún; pero por lo menos ya no se ve la nieve. Si acaso algunos manchones de blanco sobre el Mont Royal. El invierno, entonces, se largó a otros lugares y aquí nadie se está quejando. Ni siquiera yo.

domingo, 14 de marzo de 2010

El silencio de Lorna


Sólo he visto dos cintas de los hermanos Dardenne: El hijo (2002) y El niño (2005). Ninguna de las dos logró entusiasmarme fuera de lo que haría cualquier película buena. Buena, a secas. Eso a pesar de sus premios en Cannes. En cambio, el tema de la inmigración muy presente en El silencio de Lorna (2008) es uno que me interesa por razones obvias. Por eso la historia de una mujer albanesa que se casa con un drogadicto belga para obtener la ciudadanía me llamó mucho la atención. Además de que la cinta llegó, creo, con la muestra internacional de cine a Torreón casi al mismo tiempo de su salida en devedé acá en Montreal. Formidable la actuación de la centroeuropea Arta Dobroshi. Y la película en sí también vale mucho la pena.

La mujer sin cabeza


No es común para mí ver dos excelentes cintas de Argentina en menos de una semana. Así me pasó con los créditos de Campanella y Lucrecia Martel. La mujer sin cabeza (2008), obra más reciente de ésta, cuenta la historia de una mujer pequeño-burguesa que tras distraerse atropella algo o a alguien en una carretera rural poco transitada. El golpe que se da en la cabeza (o quizás una especie de culpa) la hace comportarse de manera errática y confusa. La anécdota es simple pretexto para analizar la diferencia de clases en nuestros países latinoamericanos, la forma en que una clase se relaciona con otra y la típica reacción del "aquí no pasa nada" cuando se tiene la sartén social por el mango. Sin duda tan excelente como La niña santa (2004), también autoría de Martel.

El hijo de la novia


Tras haber ganado el Óscar a mejor película extranjera con El secreto de sus ojos me entró la curiosidad por la obra de Campanella y renté El hijo de la novia (2001). Me enteré también que esta cinta había estado nominada en su momento en la misma categoría. Eso, de cierta forma, explica el triunfo de la otra. El hijo de la novia, sobre un restaurantero que cambia su vida luego de sufrir un ataque, está bien actuada y su factura es loable. Me gustó, aunque a final de cuentas tiene su ladito muy, muy cursi.

Dead Ringers


La obra del canadiense David Cronenberg siempre me ha interesado. Mucho antes de saberlo. Una de las imágenes que más me impresionó de niño a la edad de ocho o nueve años fue la de la cabeza que explota en Scanners, película que no hace mucho renté y que a diferencia de esa época me hizo reír mucho por su humor involuntario. Dead Ringers (1988) destaca también por la actuación de Jeremy Irons que la hace de dos gemelos ginecólogos que comienzan su particular descenso a los infiernos después de que uno de ellos, el más sensible, se involucra con una actriz (la quebequense Geneviève Bujold aquí ya medio pasadita). No es de lo mejor de Cronenberg; pero no deja de ser interesante.

Jennifer's body


De la misma forma, tampoco sé muy bien quién de las bombas jóvenes y voluptuosas de la chismografía barata de Hollywood es Megan Fox. O, al menos, no lo sabía porque nunca vi ni veré los bodrios de los Transformers, personajes que pensé se quedarían como recuerdo ochentero de unos juguetes ya extintos. Renté Jennifer's Body (2009) -no me acuerdo qué ridículo nombre le pusieron en español- y lo hice por Diablo Cody, la guionista de Juno. Y aunque la película no es completamente despreciable por el guión de la Cody me da la impresión de que éste es un licuado de cintas que ya he visto antes sobre amiguitas-perras de la prepa. Claro, con un giro sobrenatural. Carrie, Heathers, Jawbreaker -por nombras unas cuantas- vienen a la mente. Sólo para pasar el rato. Ah y la directora -que debería ser el primer nombre que salte a la mente- se llama Karyn Kusama.

H2


No conozco bien ni me ha interesado nunca la obra de Rob Zombie. Solamente el avance falso que hizo para Grindhouse y su refrito de Halloween del año 2007, el cual aunque no es terriblemente malo no supera a la original (y eso que la original me gusta nomás por nostalgia). Una secuela de este refrito -Halloween 2 (2009)- sí suena a delirio y lo es. Evitable a más no poder. ¿Se atreverá a hacer el refrito de la tercera que ni siquiera tenía que ver con Michael Myers?

Atracón de películas

Desde que regresé a Montreal en enero no había tenido la oportunidad de lanzarme a "La Boîte Noire" a rentar devedés. Como ésta es la semana de descanso en uno de los lugares donde trabajo, me dejé llevar por la urgencia de darme un atracón de cine. En pocas palabras, además del largometraje que fui a ver a la sala IMAX, me eché seis películas. Va en pocas palabras y de menos a más mi opinión sobre cada una.

lunes, 8 de marzo de 2010

La película argentina que anoche ganó el Óscar


Pues amaneció y no me llevé, gracias a los múltiples agoreros, muchas sorpresas. Al final, Avatar no se quedó con tantas rebanadas del pastel y la consentida del Óscar resultó ser la ex-esposa de James Cameron, una directora de la que nunca antes había oído hablar y de quien quizás nunca más oiga hablar después de estos premios. ¿Alguien se acuerda del canadiense Paul Haggis, el consentido de hace cinco años? Habiendo tanta directora de mayor trascendencia y con necesidad de reconocimiento... En fin. Me alegra mucho que Christoph Waltz se haya llevado el de mejor actor de reparto. Los demás estuvieron para llorar. Incoherente que premien como mejor actriz protagónica a quien un día antes había recibido el de peor actriz en los Razzies. Pero cómo no hacerlo siendo la actriz más rentable del 2009.
La categoría más difícil de predecir fue, como siempre, la de mejor película en lengua extranjera. Eso porque nunca ganan las favoritas. Ayer no fue la excepción y el premio se lo llevó la seleccionada de Argentina El secreto de sus ojos (2009) de Juan José Campanella, el mismo realizador de El hijo de la novia (2001) que casualmente ha trabajado mucho en Estados Unidos dirigiendo episodios para series como Doctor House y La ley y el orden.
El secreto de sus ojos es de verdad una excelente película. Es una de las mejores películas latinoamericanas que he visto en los últimos años. En ella Benjamín Espósito (Ricardo Darín) es un empleado de juzgado que acaba de jubilarse y decide escribir una novela basada en un caso de violación y homicidio que marcó su vida así como la relación con su atractiva jefa, la secretaria del juzgado Irene Menéndez Hastings (Soledad Villamil). Conforme construye su texto nos lleva de la mano al pasado, ése en el que Liliana Coloto -joven mujer de Ricardo Morales- fue violada y asesinada. Junto con su colega Pablo Sandoval (un admirable Guillermo Francella), borrachín empedernido, Espósito tratará de encontrar al culpable y, una vez preso, de lograr una especie de justicia para el viudo en el que haya el gran amor hacia una mujer que él jamás ha logrado sentir. Quizás ese amor sea el que siente por Irene, criatura inalcanzable para él.
Un guión insuperable con sus buenas dosis de tensión, unas actuaciones destacables y una hechura poca veces vista en el cine latinoamericano conforman El secreto de sus ojos. Una trama bien construida que se aleja, gracias al cielo, de las jaladas contemplativas tan en boga hoy de muchos directores latinoamericanos pretenciosos en cuyos productos soporíferos no se cuenta nada ni se dice nada. El filme merece sin duda ser distribuido y visto más allá de las fronteras de Argentina. Sólo por eso es hasta cierto punto bueno que le hayan concedido el sobrevalorado premio de anoche. Sin embargo, en ningún momento es una cinta superior a Das weisse Band de Michael Haneke ni mucho menos a Un prophète de Jacques Audiard. El colmo habría sido que se lo hubieran dado a La teta asustada de Claudia Llosa, una cinta incluso menor, o a la otra cosa de Israel de la que nadie había oído hablar antes. Sin embargo, da gusto que a partir de hoy una película hablada en nuestro idioma le saque provecho al monigote dorado. Ni Haneke ni Audiard ni Llosa necesitaban de más reconocimientos para que sus largometrajes llegaran a un público susceptible de apreciarlos y valorarlos. Que con esta charada El secreto de sus ojos se estrene pronto en México.

El avance: http://www.youtube.com/watch?v=GcHkTSqeGoU

viernes, 5 de marzo de 2010

Increíble homenaje a la Christie


Quien me conoció incluso de manera superficial en el segundo año de la secundaria en la Escuela Carlos Pereyra de Torreón me conoció con un libro como el de la imagen en las manos. La primera autora cuya obra leí insaciablemente fue la inglesa Agatha Christie. Tanto así que hace más o menos veinte años decidí con toda mi ñoñería escribir novelas policiacas como las suyas y por primera vez me senté frente a una máquina de escribir con la intención de medio hilar palabras y así contar una historia en más de cinco cuartillas. De aquel experimento adolescente salieron tres novelas malísimas. La última, un mamotreto de mil páginas. Todo eso es algo que me gustaría olvidar y no puedo. Quizás nunca podré.
Reconozco y agradezco la extensa obra de Agatha Christie por los buenos momentos que me dio durante mi adolescencia. Incluso hace algunos años escribí ya con plena conciencia un relato parodiando muchas de sus manías narrativas. Llevaba por título de "Muerte en el Oratorio San José" y fue publicado en la revista Estepa del Nazas. Pero con lecturas de mayor sustancia en mi haber, con el paso de los años me di cuenta de sus defectos y de que estaba muy bien, sí. Pero sólo como lectura para un adolescente.
Sin embargo, no he cesado -por cierta nostalgia sin duda- de seguirle la pista a todo lo relacionado con su obra la cual sí puedo decir -a diferencia de otros autores más cercanos cronológica y geográficamente- conozco completita. Excepto Pasajero para Francfort que nunca terminé porque me resultó aburridísimo. Además de leer todo lo publicado por ella -en las selecciones de Biblioteca Oro y luego algunas novelas en su idioma original- he visto un sinfín de adaptaciones para el cine y la televisión de sus historias. Nunca me canso a pesar de saber hacia dónde van, a pesar de conocer la identidad del asesino, sus motivos, sus métodos. Y eso porque el nombre de la Christie y su obra me llevan de vuelta a una época, sino idílica por completo, sí mucho más despreocupada que ésta, una época en que podía leer un libro tras otro sin importarme lo que sucediera a mi alrededor. Escape ideal a un mundo tan exótico como admirado. Eso era la Christie para mí. Y a veces, muy en secreto, lo sigue siendo. Entre ella y yo hay una historia de amor ya muy vieja que comenzó incluso antes de leer su obra, aquella vez en que tenía siete u ocho años y mi papá trajo a la casa de Monterrey el videodisco RCA de Asesinato en el expreso de oriente (1975) y yo me maravillé ante un misterio -entendido a medias por el inglés- donde todos los sospechosos eran culpables.
Lo anterior sólo para decir que apenas hace unos días encontré este increíble homenaje a Agatha Christie: lo que ella no se atrevió a hacer (juntar a sus detectives Hércules Poirot y la señorita Jane Marple en una historia) lo hicieron ni más ni menos que los japoneses en el anime del 2004 titulado Agatha Christie's Great Detectives Poirot and Marple. Con sus defectos, con sus personajes algo trillados para la cultura británica, con su pudor algo antiséptico y sobre todo con su popularidad la dama Agatha sigue fascinando por todas partes del mundo. Y yo, como uno de sus detectives, continuaré siguiéndole la pista.

Aquí el inicio del anime: http://www.youtube.com/watch?v=DnJofYSbakQ